
Por: Néstor Pompeyo Granja J.
Fotografías: Cortesía de FSON.
A veces pienso que es complicado no dividir al subterráneo potosino en pequeñas colonias: subsistemas con reglas y códigos propios que se refuerzan a sí mismos hasta construir corazas diferenciadoras, cuyo más evidente riesgo es la fragmentación del ecosistema general. Pero el subterráneo también ha sido —por definición— semillero para la inconformidad, y ya sabemos que siempre son lxs inconformes quienes derrumban las corazas.
A Julio lo vi por primera vez durante alguna noche borrosa. No recuerdo en qué bar ni en qué evento, pero lo recuerdo a él sobre el escenario, contorsionándose en el derrumbe de sus propias fronteras. En ese momento no logré entender si lo suyo era amor u odio, pero estaba claro que se trataba de pasiones complejas, como las que se experimentan en cualquier ruptura. Y aquel vocalista parecía estar rompiendo con el goth, con el pop, con el industrial y con el glam, en un delirio performático que me hizo acercarme al finalizar la actuación, para pedir al cantante detalles sobre su banda. Lo único que recuerdo es el nombre: Symptity. Si hubo una charla más extensa esa noche, su memoria se disolvió en alcohol. Pasaron los años y olvidé a Symptity hasta que, hace poco, durante alguna otra noche borrosa, volví a ver la silueta de Julio en un escenario local. Había mutado. Le había crecido un teclado Casio a la altura del torso y lo llevaba pegado a los dedos. También su sonido e identidad eran otros. Se presentó como FSON y yo quise charlar nuevamente con él, pero esta vez decidí que era mejor hacerlo en completa sobriedad. Tal vez es por eso que pasaron meses entre esa segunda noche borrosa y el momento en que por fin publico este artículo.
Resumir la trayectoria de Julio es misión complicada, pero él mismo lo hace de la siguiente manera: «Se puede decir que empecé durante 2010. En principio, unos buenos amigos estaban ensamblando una banda de glam y heavy metal llamada The Icarus Hildigan. Mis primeros pasos habían sido un par de años antes, cantando covers o participando en concursos de preparatoria, pero nada formal. The Icarus Hildigan nunca pudo presentarse en vivo, pero me dejó bastante encendido, pues en esos años yo ya tenía la idea de armar un proyecto propio. Así fue como empecé a buscar integrantes, hasta que conocí al fundador de Polo Negativo, quien me envolvió para entrar como vocalista a su proyecto mientras me ayudaba a desarrollar el mío. Después de unos meses de práctica ya estábamos en una guerra de bandas y tocando en diferentes eventos locales e incluso en CDMX. Durante ese periodo pude definir mi estilo, conocer mis limitantes vocales y mis debilidades, además de explotar mi energía física y sexual. Luego de casi cuatro años con Polo Negativo y al no poder materializar ideas, tomé la decisión de romper lazos y empezar el proyecto que desde un principio estaba buscando. Para ese entonces ya tenía suficientes aliados en el medio musical de San Luis y así fue como se formó el primer concepto de FSON: F-ShocK».

Uno de los aspectos que más valoro en un proyecto musical es la solidez de su concepto. Y nuestro protagonista es un fanático de los conceptos. En FSON todo tiene un sentido, una referencia o una razón, empezando por el nombre: «Lo encontré mientras buscaba un alter ego. Su significado es Freddy’s son: el hijo de Freddy. Desde muy pequeño, me obsesioné con el personaje de A Nightmare on Elm Street y solía decir que yo quería ser el hijo de Freddy, así que FSON existe bajo la inspiración de temas similares a los de las películas: dimensiones alternas, dualidad mental, realidades distorsionadas. FSON es un canal de comunicación y un expositor: el medio perfecto para expresar opiniones, historias, sentimientos o puntos de vista. Mi misión es ser una voz que grita para asegurarse de ser escuchada».
Pero todos sabemos que un grito a coro resuena más fuerte, así que aprovecho para preguntarle a Julio qué tanto de su creación es individual y qué tanto es colectivo. Él responde: «Afortunadamente, con los años, FSON pudo encontrar una manera más saludable de trabajar. Después de dejar Polo Negativo comencé a escribir letras y componer melodías muy básicas. Cuando empezó a marchar F-ShocK, me acercaba a mi guitarrista para darle estructura o corregir las melodías: completábamos la canción y la ensamblábamos con el resto de los integrantes. Más adelante, cuando el proyecto evolucionó a Symptity, mantuvimos el mismo proceso de trabajo; pero cuando comencé con la producción de canciones, ya como FSON, la metodología cambió. Ahora yo me encargaba de escribir la letra completa, darle estructura a la canción y componer las melodías en mi teclado Casio. Después, armar una maqueta y de ahí llevarla a un estudio profesional para replicar el tema desde cero: regrabar voces y utilizar instrumentos digitales de calidad, sin perder la idea original. Así fueron los primeros cinco sencillos. A partir del sexto, ya con más conocimiento de producción musical, los demás se han completado totalmente en mi estudio casero. Al momento de llevar estas canciones al formato de full band, el punto de partida sigue siendo la experimentación: cada uno de los músicos que colabora conmigo tiene total libertad creativa para diseñar su sonido. Empecé colaborando con Munroe en el bajo, después añadí la guitarra para rellenar espacios con melodías y, por último, agregamos la batería que en este momento está a cargo de Kevin Vázquez. Con todos estos elementos, escuchar el proyecto en vivo provoca una experiencia muy diferente. Es muy probable que continúe con este método de trabajo».
Hace unas líneas confesé que terminar este artículo me tomó varios meses. Lo que no dije es que durante ese tiempo pude escuchar con calma los ocho temas que FSON tiene disponibles en la red. En algún momento se me ocurrió descargarlos, reproducirlos en diferente orden y darles varias vueltas, hasta que reparé en un detalle: el conjunto de canciones dura media hora. Extensión suficiente para formar un álbum completo. Sobre todo si tomamos en cuenta su homogeneidad y coherencia conceptual. Al respecto, Julio comenta: «Publicar los singles de manera individual fue una estrategia de difusión. Siempre pensé que cada canción debía producirse con la calidad que merece y ese proceso lleva su tiempo. Ciertamente, también es un proceso costoso, así que elegí llevarlo con paciencia y dejar que todo fluyera: cada que tenía una idea, me enfocaba en terminarla y en dar el cien por ciento a cada canción. Eso fue lo que me funcionó. Ahora mismo ya estamos trabajando en un nuevo tema que probablemente no salga este año, pero una vez que esté listo, el siguiente paso es armar el álbum con todos los sencillos liberados hasta ahora, mas este próximo estreno. Así que le atinaste y tiraste la primera predicción, pues planeamos que sea todo un concepto».

Y ya que volvemos al tema de los conceptos, decido preguntarle a mi entrevistado sobre la parte visual de su proyecto. Cualquiera que haya echado una mirada a sus videoclips, podrá notar que las imágenes moldean su propio discurso: uno que a mí me habla de malestar, de corporalidades deformes, de lo sintético. Pero el autor de esta mitología tiene otros matices y los explica de esta forma: «Me gusta causar cierto impacto visual. El cine de terror ha sido una fuerte inspiración y un referente para la estética que también manejo en mi persona. Siempre incluyo algún detalle que refleje dolor, que dé la sensación de estar atrapado o alucinando, y en el caso de los videos es todavía más específico: existe una planeación en cuestión de escenografía y personajes, un guion que permite contar una historia. En el video del último sencillo, Forgot the Devil’s Juice, el argumento es acerca de sufrir una reinfección. Hablo de una esencia que se encuentra guardada en tu interior, una esencia a la que te has resistido pero que tarde o temprano brota y se apodera de ti, recordándote que siempre ha sido parte tuya. Previo a esa canción, está Nobody Watching, que fue un discurso de advertencia que llevaba años escribiéndose. Durante 2023 y 2024, todos los días despertaba para encontrar noticias devastadoras: los conflictos en Rusia y en Oriente, la delicada situación criminal en México, entre otras cosas. Se me hacía imposible vivir en un siglo XXI que todavía permite ver morir al prójimo sin meter las manos, con monstruos planeando ataques y afectando a inocentes; un siglo XXI lleno de seres que no sienten remordimiento por arrancarte la vida. Por eso digo que Nobody Watching es una advertencia al mundo: si nadie es capaz de poner un alto o de alzar la voz en contra, entonces todos estamos sentenciados a terminar en la oscuridad».
Pienso en las palabras de Julio y siento que comprendo un poco más a FSON. Pienso otra vez en el artista que rompe corazas para moverse con libertad entre subgéneros y estéticas. Y lo pienso domador absoluto de su propia bestia de colmillos industriales y visajes alternativos. «La verdad es que a mí me gusta mucho la música goth, el techno y todo lo que se asocia a esta comunidad», explica él. «No puedo decir que yo hago techno: hay mucha melodía en mis composiciones, pero también un poco de ese ritmo que te invita a bailar, aunque tampoco tanto. Entonces, puede ser un rock alternativo o no sé. En los últimos tiempos yo he preferido decir que esto es experimental y quizá por eso no he encontrado un público o un colectivo que haga algo similar». Supongo que es por eso que a Julio le hace gracia cuando le pregunto qué película o qué libro sería FSON. «Creo que sería autobiográfico. Desde Symptity, yo encaminé mis historias hacia una línea: hablaba de un ser que vivía dentro de una burbuja, pero crecía y observaba la realidad. Alguien que asumía el peligro, el dolor, el miedo y las pérdidas. Entonces, creo que FSON podría ser como la saga de La Profecía, porque habla justo de eso: de entender. En las películas, Damien descubre lo que es. Lo entiende, le teme, lo enfrenta y al final, lo acepta: es el hijo del Diablo y tiene una misión qué cumplir en el mundo. Y si fuera un libro, podría ser El Vampiro de la Colonia Roma. Por las vivencias, aventuras, tropiezos y todo eso. En ese libro, cada experiencia es un menú de detalles y de emociones, pero al día siguiente la experiencia es totalmente nueva».

Finalmente, mi interlocutor habla de sus planes inmediatos: «Ahora estoy enfocado en montar la canción más reciente con la full band, además de la producción del nuevo tema y el lanzamiento de los nueve sencillos ya con un concepto unificado. Por lo pronto, nos pueden escuchar en YouTube y en todas las plataformas digitales». Antes de cerrar, pregunto si desea agregar algo. Cualquier cosa. Él es contundente y no duda ni por un instante: «Madonna es la reina». Creo recordar que en algún lugar de mi fonoteca hay una copia del Ray of Light, mientras destapo una botella de whisky. Ya habrá tiempo para otro momento de sobriedad cuando vuelva a encontrarme con Julio. Doy un primer trago y sonrío al preguntarme en qué orden aparecerán las canciones en el álbum debut de FSON. Organizo alfabéticamente mi lista de reproducción y presiono play. Inicia A Tongue, a Lung, a Heart.
Y como Adonis García en El Vampiro de la Colonia Roma, yo también me dispongo a una experiencia totalmente nueva. Que así sea.
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